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8 de mayo de 2011
Adiós (hasta mañana)
Tras un mes de idas y venidas echo raíces de nuevo en mi buhardilla. Sé que será un mes y pico intensamente intenso. El fin está cerca, pero todavía se me escurre entre los dedos. Empieza a hacer calor. Se acerca esta época en la que todo el mundo se encierra en las bibliotecas y yo me encierro en mi buhardilla. Me encierro dentro de mi cabeza. Quizás lo de anoche, quizás lo de esta mañana, haya sido una despedida. Quizás no sea la misma hasta que todo termine. Quizás no termine. Quizás termine. No te voy a prometer nada. Siempre acabo pidiéndote perdón. Es una mierda. Soy una mierda. Pero algo debe de haber cuando esto no para de avanzar. Te echaba de menos. Como siempre y como nunca. No me acordaba de lo guapo que eras. No me acordaba de lo bien que encajamos. No me acordaba de despertarme a mitad de la noche y notar que me falta espacio en la cama. No me acordaba de tu olor. No me acordaba de tus caricias, ni tampoco me acordaba de las mías. No lo quiero olvidar nunca jamás. O quizás si. Olvidarlo y recordarlo es fascinante. Todo parece nuevo aunque al recordarlo me sienta como en casa. Es increíble que después de tanto tiempo te quiera más que antes. Si hace cuatro años (y pico) me hubieras escrito un mensaje con una predicción de futuro semejante a esta, te habría ignorado. Ahora mismo no me atrevo a escribirte un mensaje con un predicción del futuro. Quiero tantas cosas. Tengo miedo. La mitad de esas tantas cosas no las encontraré aquí. En casa. Sé que no tengo que pensar en ello, que este tema ya está zanjado. Como zanjado está esto también. Te quiero. Buenas noches Burgos. Adiós (hasta mañana).
26 de marzo de 2011
Buenos días Burgos
Son algo más de las siete de la mañana y suena la odiosa radio. Me despierto. Digo "apagalaaa". Con los ojos súper abiertos me ubico en la habitación. Es viernes y tengo sueño. Unos brazos me rodean y a la cabeza me viene la imagen de la catedral al otro lado de la ventana. Sonrío y me vuelvo a dormir. Son las ocho. Me despierto. Noto como los brazos que me rodeaban hace unos minutos se intentan separar de mí con el máximo cuidado. Me da un beso y se marcha. Con la mente nublada por el sueño me vuelvo a dormir. Abro los ojos. Son las 11 y le veo aparecer por la puerta. Al parecer han pasado tres horas, pero yo no me he dado cuenta. Vuelvo a tener unos brazos rodeándome.
Buenos días Burgos.
Buenos días Burgos.
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